lunes, 3 de junio de 2019

Uruguay en los años treinta: la sociedad

La segunda presidencia de Terra (1934-1938)

Como muchos mandatarios de esta época, Terra se consideró un innovador. En buena medida, su gobierno respondió a los sectores sociales que lo habían respaldado, por lo que ofreció a las patronales empresariales la representación en varios organismos estatales.  Estas patronales empresariales representaban a la clase social privilegiada por ser dueños de la riqueza ganadera, comercial e industrial del país. Se nucleaban en la Cámara Nacional de Comercio, la Federación Nacional de la Industria y el Comercio, la Asociación Comercial del Uruguay y la Federación Rural. 

Los sectores populares fueron los más afectados por la crisis. Para contrarrestar los peores efectos de la desocupación y la carestía, el gobierno impulsó políticas de generación de fuentes de trabajo —como las obras públicas— y se convirtió, además, en el "gran empleador", fomentando el ingreso de funcionarios a la administración estatal.

Se implementaron también políticas asistenciales, como los comedores públicos —gratuitos o a bajo precio—, los subsidios a algunos productos alimenticios y el control de precios en ciertos artículos de primera necesidad. También se rebajaron los alquileres y se crearon organismos que permitieran el acceso a la vivienda para los trabajadores de los sectores bajos y medios.

Tomado y adaptado de Historia 3, Editorial Santillana.

domingo, 2 de junio de 2019

Uruguay en la década de 1930: la política

El golpe de Estado y la dictadura de Terra

El 31 de marzo de 1933, con el apoyo de sus aliados políticos y de las fuerzas conservadoras —sobre todo el Comité de Vigilancia Económica—, el presidente Gabriel Terra dio un golpe de Estado. A diferencia de otras experiencias similares en América Latina, en Uruguay las Fuerzas Armadas no participaron directamente en él. El presidente apenas contó con el apoyo de la policía y del cuerpo de
bomberos. Pese a ello, el ejército no se opuso; la oficialidad, mayoritariamente colorada y antibatllista, se mantuvo al margen y no defendió la legalidad.

El dictador disolvió el Consejo y el Parlamento y estableció una Junta de Gobierno y una Asamblea Deliberante. Como toda dictadura, eliminó las libertades públicas, censuró a la prensa y persiguió a la oposición con exilio, cárcel y asesinato. A pesar de la represión que llevó adelante contra sus adversarios —batllístas, nacionalistas independientes, socialistas y comunistas—, el apoyo que le brindaran sectores blancos y colorados contribuyó a que no prohibiera los partidos políticos.

La población no mostró resistencias. Salvo la huelga estudiantil en respuesta a la ocupación de la Universidad, no hubo manifestaciones populares de protesta. Los episodios más trágicos provocados por la dictadura fueron el suicidio de Baltasar Brum y el asesinato de Julio César Grauert, ambos líderes radicales del Partido Colorado. El alzamiento armado encabezado por el caudillo blanco Basilio Muñoz y secundado, entre otros, por el nacionalista Ismael Cortinas y el colorado Luis Batlle Berres, sobrino de "don Pepe", fue dominado en una semana.

Tomado de Historia 3, Editorial Santillana

sábado, 1 de junio de 2019

Uruguay en la década de 1930: la economía

Los años treinta: crisis y dictadura

Como toda América Latina, Uruguay sufrió las consecuencias de la crisis de 1929. Al igual que otros Estados del continente, llevó a cabo un plan para atenuar sus efectos y padeció un golpe de Estado y una dictadura. El caso uruguayo, sin embargo, mostró particularidades.

Las medidas contra la crisis

Entre 1929 y 1932, la caída de las exportaciones trajo como consecuencia un menor ingreso de divisas y la consiguiente devaluación del peso. Como en otros países, se recurrió a disminuir las compras en el exterior para evitar el desequilibrio de la balanza comercial. También a semejanza de otros casos latinoamericanos, Uruguay promovió la industria de sustitución de importaciones (isi) para contrarrestar la escasez y el alza de precios de los productos importados. Otra medida tomada para evitar la salida de divisas fue la prohibición a las empresas extranjeras de remitir ganancias a sus países de origen. Por otra parte, en 1932 la situación era tan crítica que el país suspendió el pago de la deuda externa.

En tan difícil coyuntura, el gobierno se movió en varias direcciones para atender intereses muchas veces contradictorios. En un primer momento permitió a los exportadores que vendieran las divisas a un precio más alto que el oficial para compensar la disminución de sus ingresos, pero pronto debió abandonar la medida, que producía más devaluación y perjudicaba al comercio importador, a la industria y a los trabajadores que vivían de ingresos fijos.

La política de obras públicas, como en otras naciones, fue un recurso para combatir la desocupación. Reforzando el dirigismo económico, el Estado pasó a su órbita, en carácter de monopolio, actividades que estaban en manos privadas, como la telefonía y la generación de energía hidroeléctrica. Nuevos entes estatales aumentaron su control sobre sectores estratégicos; tal fue el caso de ANCAP, creada en 1931 para establecer, entre otros fines, el monopolio de la importación, refinado y comercialización del petróleo y sus derivados.

Finalmente, el control de cambios y del comercio exterior amplió la intervención directa del Estado en la economía, provocando la reacción de los sectores empresariales.

Tomado de Historia 3, Editorial Santillana.